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La Isla del mar de colores queda atrás
Aruba
AW

Doy un paso largo, tengo mi equipo de buceo puesto, máscara, aletas, chaleco, regulador en la boca. Respiro por mi boca, caigo al agua, temperatura perfecta, miro a mi alrededor, un mar lleno de vida y agua cristalina
 
Damos señal de bajar, le saco el aire a mi chaleco, el plomo que tengo en mi cintura hace que me sumerja, respiro profundo, exhalo, peces loros empiezan aparecer, peces trompeta, pienso en la sinfonía Del Mar de Piero (me lo encontré hace poco en Bogotá). Me meto entre cardúmenes de cirujanos azul oscuro. Un paraíso sub acuático, investigo entre los corales, veo langostas, dos pulpos de gran tamaño que me encanta conocer, pero al mismo tiempo comer, ironías de la vida. El mundo, su gente y sus creencias.  
 
Mucha paz, tranquilidad, fauna marina, corales. Me pongo a buscar un caballito de mar, ya que, si uno se encuentra uno, le regalan un buceo gratis. Incentivos que me alegran, pero lastimosamente no lo usaré, ya que ningún caballito de mar se me cruzó por mi careta. 
 
Del fondo del mar nos vamos a una zona de la Isla donde está emergiendo el arte en las calles, una zona donde se ve la vida local, en la que puedo calcular mi porcentaje de sonrisas. Una guía argentina nos cuenta de la historia de cada uno de los grafitis. Meses antes hicieron una jornada para incentivar el arte callejero y ha tenido muy buena acogida. 
 
Es increíble cómo el arte le cambia el color y la energía a un lugar, uno va caminando y viendo estás expresiones artísticas hechas con una perfección absoluta para todo el mundo. La guía nos cuenta que esto está incentivando y llamando la atención de los locales para que las sesiones de pinturas incrementen. 
 
Los días en la Isla llegan a su fin, me visto con mi pinta elegante para ir a un restaurante con delicias japonesas y del mundo para sus comensales. Pedimos por medio de tablets muy modernas, brindamos y comemos. Para despedirnos de la Isla nos iríamos a bailar bajo las estrellas y la lluvia. Caminamos a una discoteca, la música suena, nuestros pies se empiezan a mover. Yo empiezo a sonreír al ver a los locales bailar, le meten todo el sabor del mundo a su baile latino.  Caen unas gotas del cielo, la gente parece no afectarse, el baile sigue. Nosotros nos ponemos en la actitud de bailar ritmos isleños. El tiempo pasa hasta que llegó la hora de dormir.
 
Despedida de abrazo largo con mis compañeros de viaje, maleta lista. Hago check out y para el aeropuerto. Me entra la nostalgia de despedirme de un país, me ponen mi sello de salida de esta "Happy Island". Me subo a mi avión, pongo la frente en la ventana, sí, así como al principio, pienso todo lo que vivimos en estos días, sonrío, despegamos y la Isla del Mar de muchos colores queda detrás. 
 
Los quiero,
CHB