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blog_chris_aruba
Primer día en la Isla Feliz
Aruba
AW

Me levanto antes que salga el sol, salgo a la terraza de mi cuarto, veo el mar y después de unos minutos veo como el sol va pintando las palmeras y el agua de muchos colores. 

Lo primero que haremos es recorrer las calles de la capital de Aruba, Oranjestad, caminamos con un guía turístico que nos cuenta datos curiosos de su país con un inglés impecable, el sol calienta nuestros pasos, pero no es un clima insoportable. Vemos casas coloridas, esculturas de personajes importantes para la Isla Feliz, la primera cárcel que tenía solo tres celdas e iguanas verde disfrutando de los parques. 

En una de las paradas, el guía nos cuenta de sus carnavales durante el mes de febrero, la Isla se paraliza para celebrar, en un parlante nos deja escuchar un poco de la música local para que oigamos las canciones que terminan convirtiéndose en baile. 

Nuestro recorrido culmina comiendo “patachee”, un tipo de pan local, que, al halarlo con las dos manos, el queso derretido se estira, es algo muy típico para desayunar por aquí. Caminamos de vuelta a nuestro punto de salida, Aruba es un destino conocido por su "shopping" por los bajos impuestos que tienen, menos de 4% en IVA. No es mi caso, ya que hoy en día, poco voy de compras. 

Tarde de playa, el agua totalmente transparente, las olas son muy suaves, decido caminar por la arena, que es bastante suave, mientras lo hago veo varias actividades acuáticas, personas leyendo y otros tomando cócteles sobre sillas flotantes en el mar. 

Todos a bordo de un velero, así nos despediríamos del sol, los marineros nos dan instrucciones sobre el funcionamiento de éste. Tenemos barra libre hasta que volvamos, cada uno con cóctel en mano y a brindar se dijo. 

Me voy a la punta del velero, veo el mar pasar, las nubes se empiezan a colorear con la despedida del sol, mientras pienso por el momento que estoy atravesando, muchas cosas han cambiado desde que dejé mi vida corporativa. Finalmente, los marineros hacen sus maniobras para girar las velas y que el viento mismo nos devuelva a nuestro punto de partida. 

Comemos delicias marinas en un restaurante que a la entrada dice que, si uno no está descalzo, está "over dressed", definitivamente es el sitio perfecto para mí.  Vemos como un crucero muy iluminado zarpa del puerto, mientras nosotros hacemos el último brindis de la noche para irnos a descansar.